Evaristo Madero a la cumbre

*** No hay cumbre tan elevada que un asno cargado de oro no pueda subir…

Escribe: Alfredo Reyes Ramos.-

evaristoEn este espacio ya se comentó respecto a los blasones del empresario y político parrense Evaristo Madero Marcos, cuyo escudo de armas deja ver un elevado monte rodeado de un campo de gules color alfalfa y, en la cumbre, un jumento majestuoso cargado con lingotes de oro terciados en el lomo. En la base del mismo el lema escrito en letras góticas: “No hay cumbre tan elevada que un asno cargado de oro no pueda subir”.

Y vaya que Evaristo ha llegado alto en la política y los negocios; dos veces alcalde de Parras, sub secretario del Estado, recaudador de Rentas, empresario exitoso y máximo galán de pueblo mágico.

Todos esos logros sin contar con alguna educación, pues sepa usted que Evaristo Armando recién ha terminado la primaria en el IEEA, con un promedio de 9, lo que le ha permitido acceder a una beca para cursar la Secundaria.

Y conste que lo anterior no es motivo de escarnio sino todo lo contrario, es motivo de admiración y respeto, pues los anhelos de superación siempre serán dignos de encomio, más aun cuando la persona que se alfabetiza es un adulto mayor.

Y es que este columnista siempre lo había señalado, que Evaristo no sabía leer ni escribir, que era un alcalde analfabeta, nada raro en este País mágico donde abundan los “Macondos”, los Comalas y los Parras, pueblos mágicos como Jerez, “miel y veneno a la vez…”.

En fin, que ahora sí podemos decir que Evaristo Armando superó a otro personaje de Parras con el que siempre lo hemos comparado, don Alberto Evangelista, aquel famoso “Panza fría” que, igualmente, era analfabeta y que murió como tal, ya que nunca tuvo ese anhelo de superación tan admirable en Evaristo.

Vidas hasta cierto punto paralelas, don Alberto Evangelista y Evaristo Madero tienen muchas cosas en común; como ya dijimos, su condición analfabeta, de vocación transportista, ambos millonarios e, igualmente, consumados tenorios.

Aunque hay que decir que aquel famoso “Panza Fría” tenía más gracia y salero que Evaristo, porque además de simpático, era un gallo muy jugado en los palenques nacionales.

En cambio, cierto es que Madero Marcos no se arriesga con los gallos y gusta más de las gallinas ponedoras, macizas y calentonas, que hacen buen caldo, según le ha confiado al más infame de sus corifeos, a su “gato querube”, Armando Aguilar, el miserable lambiscón que inventó el servilismo.

Y es que el verdadero carisma de Evaristo no es el dinero sino la esencia, no es la ropa sino la percha, no es la voz sino el tono y no es el talento sino el fetiche ¿Y en qué consiste la obsesión de Tito? Pues según ciertos rumores no confirmados -pero tampoco desmentidos- dicen que se trata de un fetichismo desbordado que Evaristo siente por las chanclas, más cuando se trata de chanclas viejas que se encuentra tiradas en la calle, tanto así, que hoy es reconocido como “El señor de las chanclas”, la esencia exacta de un estilo.

Veneno jerezano aparte, hay que reconocer que Evaristo se ha superado, ya no es analfabeta y si ha llegado tan lejos sin tener tan siquiera educación primaria ¿Se imagina usted si Madero hubiera llegado al poder con una maestría o un doctorado? Pues seguramente los Hank y los Salinas fueran hoy sus palafreneros ¡Enhorabuena Evaristo!

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