Ora sí, nacos… por órdenes del reyezuelo se acabaron los narco corridos

*** Gobernador cancelará publicidad oficial a medios que difundan esa música y letras.-

*** Con estas medidas pretende dar un golpe tremendo a la delincuencia organizada.-

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Hasta estos artistas podrían acabar en la carcel si pisan Coahuila. Aqui no se vale nada de narcos y menos narco corridos.

Total, en este Coahuila atado al cruel mandato del reyezuelo Rubén Moreira, no queda más que acatar sus órdenes, disposiciones, leyes y ocurrencias porque de otra forma se corre el riesgo de ser acusado de marihuano o, en el mejor de los casos, de naco.
Si, así como lo leyó usted, el gran jefe de la tribu coahuilteca ya puso nombre con índice de fuego en la frente de todos esos habitantes de barrio, o riquillos nuevos –que no hablamos de sus colaboradores, que conste—por tener la ocurrencia de escuchar corridos en donde se ensalzan las acciones de narcotraficantes.
Sí, cual sello ardiente les puso en la frente el adjetivo de nacos, tal vez porque creemos que el señor “licenciado en letras españolas” sabe su significado y por si no lo sabe, se lo decimos en estas líneas, faltaba más: “Naco es una forma despectiva para referirse a una persona por su poca educación, por su mal vestir o simplemente por no estar en armonía en un grupo.”
Así que, se pueden ir colocando ese apelativo de nacos todo el montón de desarrapados, de pobres, de miserables que habitan en los cinturones de miseria de las ciudades más importantes de Coahuila. Gente que vive en casas de cartón, o de madera y que además de jodidos, son más nacos que nada porque escuchar corridos, a decir del reyezuelo, hombre sabio y crítico acertado.
Sin embargo, sorprende que tan letrado personaje, dueño de casas y haciendas, dador de cárcel libertades a su pueblo, considere que los narcocorridos son una especie de escuela que lleva a la gente a intentar ser como esos héroes de marihuana, drogas, armas y fuego, que levantan emporios vendiéndole narcóticos a los gringos o asesinado a cuanta persona se les ponga enfrente.
He sabido de ideas estúpidas, pero creo que esta es una de las que rebasan ese adjetivo.
Desde niño escucho corridos de narcos; de joven los escuché y hoy, en la plenitud de mis 58 años, los sigo escuchando, por ende me he convertido por ordenamiento de nuestro reyezuelo, en un naco.
El gran intelecto de nuestro gobernante nos da a entender que quien escucha esos corridos, esa música popular (que, por sí no lo sabe, tiene sus orígenes en el romance español), se convierte en un apologista de los narcos nacos, se vuelve adorador de su violencia y poder que corrompe cuanto toca. Además, cosa más grave, lleva a quien escucha este tipo de canciones usualmente interpretadas por grupos norteños, con acordeón, tololoche, requinto, tarolas y una voz aguardentosa, a quererse parecer al Chapo Guzmán, al Grande, a los Zetas de 40 para arriba y a tanto delincuente del que pueblo narra hazañas, venganzas, acciones, crímenes y muerte.
Según Rubén Moreira, todos estamos preparados para integrarnos a las filas de la mafia gracias a que escuchamos narcocorridos en los que se suele hablar de muertes, amistades buenas o malas, traiciones, lealtades y los amores de mujeres hermosas que actúan en telenovelas o simplemente ganan concursos de belleza. Ah ¡Y los excesos! Las bebidas a pasto, las viandas con manjares deliciosos traídos de no sé qué parte del mundo, tal y como lo dicen los corridos porque alimentan las ideas ambiciosas de salir de la pobreza.
Vuelvo a repetir, qué cosa más estúpida. Prohibir los corridos de narcos no es más que una forma mediocre de llamar la atención de quienes no toman en cuenta a quien quiere llamarla. Así de sencillo. Los narcocorridos no hacen ni más narcos ni más nacos. Y para acabar pronto, tal parece que el reyezuelo ya olvidó cuando entraba a cantinas de mala muerte donde tocaban canciones como la de Camelia la Texana, la que andaba a bordo de un carro rojo con las cuatro llantas cargadas de yerba mala, y no por eso, Rubén empezó a cargarle a las llantas algo más que aire aunque, bueno, en ese entonces no tenía carro, así que no había llantas, ni camelias texaneras.
Ahora, sus psicólogos de cabecera, o quien le aconsejara ordenar la prohibición de los narcocorridos, debe saber que estos no son del gusto de la juventud, no les atrae esta música, ni estas canciones se tocan en los antros a los que concurren los fines de semana, ellos viven modernizados, van al día, no se quedan incrustados en el pasado, esperando convertirse en narcos nacos o en nacos narcos, como diría el señor gobernador.
No por el hecho de que a alguien le gusten las canciones de José Alfredo Jiménez ya por eso van a ser bohemios como él y ponerse a escribir letras y letras, ni van a comprarse un caballo blanco para recorrer el territorio mexicano hasta que se reviente el pobre animal y le salga sangre por todos los orificios de su cuerpo. Ni tendrán presentes a sus palomas o se meterán a la cantina para llorar la tragedia del abandono total en una amarga navidad.
Además, por si no lo sabe, el narcocorrido tiene sus antecedentes en los corridos de la Revolución Mexicana, en los que, para variar, se tratan historias de prófugos valientes, pistoleros y caballos; amores inconclusos o mujeres entronas que mataban a sangre fría a sus enemigos, ah, y esas adelitas que podían hacerle la vida imposible al más pintado con esas usuales amenazas de irse con otro. Y escuchar esos corridos del heroísmo militar, de los alzados, de los andrajosos, ni nos convirtió en pelones, ni en huarachudos, ni en defensores de ninguna patria, ni chica ni grande.
Por eso causa hilaridad la nueva disposición de Rubén Moreira quien, suspendiendo los narcocorridos, violentando la libertad de expresión del pueblo, cree que tiene la piedra filosofal para acabar con los delincuentes que tienen asoladas las calles de las ciudades de Coahuila, para acabar con los criminales que secuestran, que asesinan y que incendian en los penales a sus víctimas. No creo que esos crímenes se cometieran gracias a que los verdugos escuchaban narcocorridos en los que se secuestra, se mata y se entierra clandestinamente.
Pero bueno, ya lo dijo el reyezuelo que, inclusive, amenazó a los medios electrónicos con quitarles el dinero de la publicidad oficial si se empeñan en reproducir narcocorridos.
Estas medidas, de veras rayan ya en la locura de nuestro gobernante, locura que no es precisamente la del Quijote de la Mancha que combatió contra esos gigantes que no eran otra cosa que los enormes molinos de viento.
Qué lástima que violando las garantías de los individuos, Rubén Moreira trate de echarle maquillaje a una cara desgajada por la violencia, por los crímenes, por la delincuencia que crece a pasos agigantados porque no se hacen las cosas como se deben y quienes controlan el estado no tienen interés de resolver nada, solo se conforman con borrar los narcocorridos de la vida de los coahuilenses. ¿Qué otra cosa se ofrece?

2 comentarios en “Ora sí, nacos… por órdenes del reyezuelo se acabaron los narco corridos

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