Ese afán de perder elecciones

Soliloquio

Adrián Garza Pérez

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Desde el gobierno federal y desde el CEN del PRI, quieren hacer valer sus altos oficios políticos y su experiencia basta en “hacer elecciones” cuando ya es tarde. Los gobiernos de los estados andan sueltos, inconvenientemente despóticos. Sin control del dinero, sin planes  de desarrollo (medidos y sancionados), sin vigilancia real en el uso de los recursos federales (menos estatales), volcados en los negocios desde el poder e incluso con dinero del cajón.

El gobierno federal, lejos anda de poner el ejemplo. Con evidentes muestras en las inconsistencias patrimoniales. Con inexplicables propiedades que nunca podrían comprar con su salario acumulado los jefes en el primer círculo, a mañosa imitación del mandatario. Comprando aviones, gastando tanto más en viáticos y elevando el gasto corriente, más que en obras y servicios. La pobreza creciendo sin palearla y las deudas (externa e interna), creciendo sin mesura. Se ha perdido el control macroeconómico conservado en los dos sexenios anteriores.

La mejor forma de ganar una elección es de receta sencilla: Una buena administración saliente (con resultados y sin corruptelas ni prepotencias), y un buen candidato (honesto, probado, fresco y humilde). Los partidos y sus dueños, han hartado al público espectador. Otra vez repito (como en tantos escritos): debemos elegir de entre muchos, no solo a los  que otros escogieron (a su acomodo y modo), y pusieron de candidatos en los partidos. Las candidaturas independientes apenas nacen como verdadera opción electoral y de representatividad: y ya salen debiendo.

Poner orden en el país es una buena idea si el PRI quiere conservar la presidencia. Poner orden en la casa exigiendo desde las trincheras opositoras, es buena idea sin algún partido quiere enarbolar el cambio verdadero y recuperar a México y a sus entidades: de la corrupción, de la complicidad, de la opacidad y de la extrema impunidad.

El lunes 6 o el domingo 5 en la noche, dirán… es que no la gobernábamos, no cuentan esas derrotas. Es que el candidato no salió bueno. Es que el gobernador no ayudó. Es que el gobierno metió las manos. ¿Escucharemos decir: nos equivocamos al elegir, dejamos solo al gobernador y como partido nunca lo llamamos a cuentas, nos apoyaba el gobernar entonces no podíamos señalarle tanta pifia y corrupción, pensamos que sabiendo mapachear saldríamos adelante, confiamos en que los contarios están más quemados que nosotros, no fuimos capaces de construir alianzas ganadoras, nunca fuimos la mejor opción porque nuestros candidatos obedecían a otros intereses?

Alguien, en la cúpula,  puede perder más que algunas gubernaturas, puede perder además, el gobierno de más del 50% del padrón electoral y de allí, enfrentar cuesta arriba la renovación de la presidencia en el 2018.

“Este afán de perder elecciones”… en aras de una infame libertad de gobernar al antojo, de sucumbir a los negocios fáciles, (al dinero sucio y al gobierno autoritario). Dejaron a los gobiernos sueltos, robándose todo lo robable: el dinero; la felicidad, la paz y la esperanza del pueblo. Eligieron a los candidatos que los poderes de facto les presentaron (gobernadores corruptos, empresas periodísticas, crimen, mafia, IP; cofradías dentro del gobierno) y los hicieron suyos. Ahora, a cosechar lo sembrado y a afrontar las consecuencias.

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