El virus de la corrupción mató a niños en hospitales de Torreón y Saltillo

Espejo cóncavo

Escribe: Roberto Adrián Morales.-

bebés

Hace tiempo, más de dos años posiblemente, escribí sobre las carencias que enfrentaban los hospitales controlados por el gobierno a través de la Secretaría de Salud.
Entonces solo hablé de los daños que se estaban generando a las estructuras, a los edificios en los que se invirtieron muchos millones de pesos; comenté sobre las carencias de insumos y materiales, de la falta de médicos generales y más de especialistas, consecuencia del desvío de recursos que se realizaba desde la dependencia de la que estaba encargado Héctor Mario Zapata, un doctor que jamás ejerció como tal porque siempre estuvo convertido en una sanguijuela que chupaba el dinero de los bolsillos de los padres de familia, a través de una supuesta Asociación Estatal cuya creación es más oscura que lo más negro de la profundidad del mar.
Jamás pensé que las consecuencias del abuso y la corrupción de Héctor Mario Zapata y sus subalternos llegara más allá de los reclamos de la gente. Pero me equivoqué, como se equivocaron él y sus secuaces allegados, al presentarse la muerte de decenas de pequeños inocentes, recién nacidos, muertos en aras del enriquecimiento de este grupo de delincuentes que hoy andan muy campantes en las calles de Saltillo.
Primero fueron las muertes ocurridas en el Hospital del Niño de la capital del estado. Ese nosocomio, alguna vez verdadero símbolo de salvación de la salud de los pequeños, se convirtió de pronto en una trampa mortal para los pacientitos. “Un virus” penetró por paredes, pisos y techos y cual fantasmas fueron a dormir a los cuneros arrebatando el aliento a los recién nacidos.
O en palabras menos literarias, la falta de higiene, consecuencia de la escasez de dinero para la compra de detergentes y desinfectantes, llevó a la generación de virus que invadieron los pequeños cuerpecitos hasta quitarles la vida.
En ese tiempo, Héctor Mario Zapata, desde la Secretaría de Salud de Coahuila, trató de inculpar a la directora del nosocomio, María Verónica Rodríguez señalándola como responsable de una decena de muertes ocasionadas por la falta de higiene, pero además porque la doctora tuvo a bien llevarse 7.6 millones de pesos que le fueron entregados para cubrir parcialmente una deuda de 11 millones de pesos que se tenía con proveedores diversos.
Afortunadamente, la doctora Rodríguez tenía las cuentas al día y nada sabía de la desaparición de tantos millones de pesos. Lo que sí aclaró es que el personal del Hospital del Niño le echaba pesos a la canasta de las dádivas para pagar a algunas personas de limpieza a fin de no dejar caer ese nosocomio.
Obvio es decir que las cuotas a la canasta no fueron suficientes tal y como se comprobó con la muerte de los pequeñines.
Todo fue que la administradora, jefa, directora, como quiera llamarle, mostrara que alguien, y no precisamente ella, se estaba quedando con el dinero destinado al Hospital del Niño, para que Héctor Mario Zapata saliera disparado como tapón de sidra de la Secretaría de Salud.
Pero este episodio fue solo la primera parte de los daños que ocasionó a las instituciones y a las familias, conforme pasan los días afloran más hechos de corrupción, con perjuicio para quienes utilizan los hospitales generales del estado.
Con las primeras lluvias del año, los plafones de los techos del Hospital General Amparo R. Pape de Monclova, se vinieron abajo; las salas de internamiento, los quirófanos eran grandes regaderas, las ambulancias no se daban abasto para trasladar a los encamados a otros hospitales de la ciudad. Todo era caos.
¿Por qué ocurrió todo esto? Sencillamente porque el dinero que recibió el señor doctor Zapata también se atoró en el camino que lleva la burocrática ruta de Saltillo a Monclova. Más bien nunca salió de Saltillo, que sí de las oficinas de Salud con destino a unas cuantas chequeras personales.
Pero esto se convirtió en pecata minuta cuando la tragedia ensombreció a los laguneros. El Hospital General de Torreón registró en menos de dos semanas el deceso de siete recién nacidos.
Las actuales autoridades de Salud trataron de tapar la corrupción de Héctor Mario Zapata asegurando que “un virus” era el responsable de esas muertes, pero se negaban a decir las causas por las que ese virus ataca a los pequeños.
Las deudas con los proveedores, las que heredó el ex secretario de Salud salieron a flote como el agua sucia de las cañerías en las calles de Torreón.
Por falta de pagos los proveedores dejaron de proporcionar todo tipo de insumos, como las sondas de aspiración. Al no contar con este tipo de productos sumamente necesarios en los cuneros, las enfermeras o trabajadores o quienes estén encargados de esos sitios se dieron a la tarea de “reutilizar” las sondas con las consecuencias fatales ya conocidas.
¿Cuánto dinero se llevó el ex secretario de Salud al grado que se tengan deudas millonarias en los hospitales generales de Coahuila?
¿Es esta la causa por la que ya lo investiga la Auditoría Superior del Estado a cargo de Armando Plata?
Porque no pueden negar en la ASE que algo muy sucio fue descubierto en la Secretaría de Salud al grado que, en un principio, Héctor Mario Zapata ya fue multado con una suma superior a los 20 mil pesos, pero aun no sale del ojo del huracán y posiblemente no saldrá de éste hasta que no pague con creces las consecuencias mortales que generaron sus actos de corrupción.
No hay duda de que hay gente ambiciosa y sin escrúpulos, la hay. Ojalá y la ASE, por lo menos en este desagradable asunto, cumpla con la parte que le corresponde.

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Un comentario en “El virus de la corrupción mató a niños en hospitales de Torreón y Saltillo

  1. Roberto Adrián Morales Muy bueno su articulo. la información es escueta o sea corta ya que el problema principal de salud publica en Epídemiologia la resultante de las muertes infantiles o shock septicemico en un nivel hospitalario de Segundo nivel como el de Saltillo no es el efecto de solo dos años, para que ocurra a corto plazo de 5 a diez años solo se debe dejar de hacer lo mas indispensable : los Estudios de defunción e investigación epidemiologica como parte de un protocolo ya establecido que también se ha dejado de realizar para identificar un patrón de las muertes que pasan dentro de un hospital, a la fecha no existe transparencia medica para hacer comparaciones con otros hospitales, años y poblaciones de tal manera que la corrupción ha manejado esta información dentro de los medios de difusión, existen tantas irregularidades que el tiempo descara con estas irresponsabilidades, negligencias y muertes posthospitalarias. aunado ha que también se han dejado de aplicar vacunas a los infantes, preescolares y escolares de tal manera que en poco tiempo tendremos la presencia de enfermedades previsibles por vacunacion que seguramente van a achacar a crisis económica por la que pasa la secretaria de Salud , esto ultimo es falso ya que en estas fechas están construyendo dos hospitales de Oncologia y Pediátrico al lado del Hospital General Saltillo con un costo aproxi de mas de 100mil mlillones de pesos m.n.

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