LA LLENADERA DE LOS POLÍTICOS

Baile y Cochino.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

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Sentenciaba el famoso y siempre vigente César El Tlacuache Garizurieta, que el político debe ser modesto y humilde, no debe pedir que le den… lo que debe hacer es pedir que lo pongan donde hay… que de lo demás, se encarga él solo.

Y bueno, el bestiario de la política está compuesto por la más amplia gama, variedad y pelaje de grillos, en ella encontramos desde aquellos que prefieren estar a gusto consigo mismos, dormir tranquilos e irla pasando, son ellos a los que les acomoda lo de pedir un puestito cualquiera donde puedan vegetar durante años y más años haciendo como que hacen y cachando lo que salpique, que al fin y al cabo muchos de los empleos en la burocracia, son absorbentes de lo que la prestación de los servicios públicos pueda soltar.

Están estos que en honor a la verdad son mayoría, y están también los otros, los que les gusta “vivir la vida loca”, “vivir intensamente”, construir una carrera de “arriba y adelante” porque sienten que si no se quedan “abajo y para atrás”, son los malabaristas que siempre intentan los saltos de la muerte, con éxito algunas veces y sin éxito otras, y en fin, están los que avientan y siempre caen parados, y los que se caen para arriba, de todo hay en la viña del señor de la polaca.

Grabado con letras de oro en las tarjetas de crédito corporativas de la clase política, está aquella frase del profesor Carlos Hank González, quien fuera gobernador del Estado de México, secretario de agricultura y regente del Distrito Federal cuando había esta suculenta posición, de que un político pobre, hace un pobre político expresión apabullante que nadie se ha atrevido a cuestionar y menos a explicar, en parte porque ¿qué político conoce a quien pueda definirse como pobre?, además ¿pobre de qué, de espíritu, de cultura, de salud, de humanidad, de valores? Nunca queda claro, pero, ah como se convirtió en objetivo de la clase política, dejar de ser un político pobre para no ser nunca tildado de ser un pobre político, siendo lo único verdaderamente importante la primera parte, la que corresponde a los dineros que lo sacan a uno de la pobreza.

¿Con cuanto se puede o debe conformar un político para dejar de ser considerado pobre, o con la mente un poco más fría, para no ser acusado de desfalco, de desvío de fondos u otros delitos que solo pueden ser cometidos por quien trabaja para el gobierno en una posición de poder?, esta es la pregunta de los 64 mil millones de pesos… de dólares o de euros, porque igual, así como nadie que haga de la política su forma de vida, estará jamás contento con la posición alcanzada. Por eso ni disfrutan ser alcaldes, diputados, senadores, gobernadores, ministros o presidentes, posiciones que ven como escalones en una interminable escalera de éxitos, no como un espacio para realizarse personal o profesionalmente, que de servir al público… mejor de ingenuidades no hablamos.

Cuenta una anécdota de la clase política priísta de un fulano que se acercó a un amigo suyo que a su vez era cuate del Director de Aduanas… el primero habría prometido a través de su camarada al funcionario, que lo pusiera un año, solo un año como jefe de turno de la aduana de Nuevo Laredo, y que él en ese lapso se comprometía a “forrarlo de billetes”, y que su cuate por el favor, tampoco tendría nada de qué quejarse. Sería interesante tratar de dilucidar qué es eso de “forrar de billetes”, no desde el punto de vista sicológico o físico, sino contable, ¿de cuánto estamos hablando exactamente?, ¿cientos de miles, millones, decenas de millones o más hacen un forro de billetes?, ah y por supuesto hay gente para la que los pesos son más que suficientes, pero otros se sienten más confortables con dólares, así que todavía más difusa la cosa.

Ahora que la bucólica e hipocritona paz de Saltillo se ha visto interrumpida con los operativos de la Marina, que anda atrás de algún politiquillo que en vez de poner el pecho a lo hecho, ha preferido andar a salto de mata,   tratando de evadir sus culpas no solo de lo mal hecho, sino de las huellas mal tapadas. Para portarse mal, hablando de la política, de los recursos públicos puestos a disposición de un determinado cargo público y de lo que podríamos llamar el “área de influencia” de la tal posición, un grillo que no quiera extinguirse más rápido que lo que tarde un cerillo en consumirse, debe tomar toda clase de providencias, lo cual, por demás está decir, requiere de cierto grado de inteligencia y de gastar una buena cantidad de dinero para crearse un muro de protección, que sin ser inexpugnable, sí sirva para retrasar caer en la primera celada.

Eso de pensar que se puede uno clavar toda la lana y no salpicar, lo único que acarrea al pretendidamente astuto político, es hacerse de enemigos, enemigos pasivos que solo esperarán que pase enfrente para ponerle la zancadilla que lo mande al suelo, o enemigos activos, que harán todo lo posible por que caiga, ¿Cuáles son peores?, los dos por separado son iguales, pero juntos, ahora sí que no hay quien salve al grillito que alguna vez se sintió con los tamaños y las influencias para ser alcalde de Saltillo, y en sus calenturas por dormir envuelto en papel periódico, hasta se sentía que arañaba la gubernatura del estado, ¿y?

Y pues que resulta que no tuvo la higiénica precaución de algunos mamíferos de tapar el rastro de sus porquerías, y ahorita está pagando las consecuencias, viviendo en una situación que para él es su peor pesadilla, la del cobarde que puede en cuanto se pongan las pilas los marinos, ir a dar con sus delicado huesecillos a la cárcel, donde de una vez le advertimos, mantenerse regando las flores, cuesta mucha más lana de lo que portarse bien o comprar lealtades le hubiera costado.

De que cae cae, otros mucho más hábiles y gastadores han caído, y cuando el periódico se va adelgazando al grado de no taparle el frío ni a los que lo imprimen, a los que están cubiertos con una esquinita, los van a dejar a la intemperie.

Sí, claro que es padre vivir en los cuernos de la luna, pero la caída también es monumental, no apta para coyones.

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