Ni se preocupe don Cruz

DE: Roberto Adrián Morales.-

votaciones

Ni quién lo dude don Cruz, sabemos que usted es gente de ley y que por eso lo mandaron los del Instituto Federal aquí, a Ocampo, para que estuviera atento del proceso electoral. Eso habla de la importancia que tenemos, del valor de los votos de nuestros campesinos. ¿Si no, pos entonces pa’qué nos enviaban a tan distinguido representante como usté?
Pero, no se impaciente, don Cruz, no ponga esa cara de preocupación, mire que yo, así como me llamo Tranquilino Reyes, y a mucha honra, le entregaré toda la papelería, todas las urnas y lo que sobre de tinta y cojín, aunque… ¿no podría quedarme con la tinta y el cojín? A mí me sirven pa’ los sellos del comisariado, ya ve que luego tenemos que usar uvas silvestres pa’ registrar las güellas que nos exigen en la Reforma Agraria. Con el jugo de la uva negra, esa chiquita que crece en las orillas del arroyo, se puede engañar a unos cuantos; pero luego que se seca bien, la güella desaparece y sólo queda un manchón negro que nadie sabe qué significa. Pero en el pueblo no entienden, por más que les he dicho que aprendan a ler y escrebir pa’que ya no haiga problemas, que cada quién sepa qué papel tacha, porque luego dicen que ellos no le pusieron el dedo a nada, que los manchones en los oficios no son su güella y que alguien de canijo usurpó sus derechos. ¿Verdá que tengo buenas razones pa’ quedarme con la tinta y el cojín?
Vamos, don Cruz, ya no se mortifique tanto. Mire nomás la cara que trai. ¿Pos qué no almorzó bien o le echó duro al mezcal anoche? Pa’ que vea que en Ocampo atendemos bien a los invitados o a los representantes electorales le voy a traer una cervecita. ¿Le gusta al tiempo o serenada? Como las compramos desde ayer, el hielo se acabó con tanto calor y eso que las pusimos a enfriar en un tambo, en la sombrita, pa´que lo frío aguantara más. Pero nada, estos malditos calores nos consumen como a los hielos. Mire nomás el cielo, azul, azul, ni una nube, ni blancas ni negras, así hemos estado desde hace mucho, ni una maldita gota de lluvia nos cae de arriba y por la tierra no corre nadita de agua. Aquí todo está igual, hasta nosotros estamos secos… aunque, ya sabemos que después de estas elecciones sí van a perforar el pozo que nos prometieron cuando… ¿Cuándo?… Creo que fue cuando pasó en campaña el general Lázaro Cárdenas, ya ni me acuerdo cuántos años hace de eso.
¿A poco no están sabrosas las cervecitas? Aunque les falta lo helado de ayer no dejan de ser refrescantes y curadoras. ¿Qué, le doy otra? Usté sabe que una no es ninguna y que dos apenas si es una. Vamos, acomódese más acá en la sombrita, no ve que ya el sol está pegando re duro.
¡Ah, qué don Cruz, ya le dije, no ponga esa cara de mortificación! Usté lo que quiere es que eso de las elecciones salga bien, ¿no? Pos todo va a salir bien. Usté ni se preocupe. Ya le pedí a doña Chole que le traiga un menudito; éste sí que es menudo de a deveras, no como el que me comí en el mercado de Monclova l’otra vez; era casi pur’agua y los dos trocitos de pancita que traía sabían a cieno; se ve que no lavan las tripas esos recondenados citadinos. Nomás imagínese, yo que tengo la panza de burro, que como ratas, víboras, tlacuaches y a veces, cuando no hay más, hasta liebres, me vine a enfermar con ese menudo. Aquí la comida es diferente, ya lo verá usté don Cruz; mire nomás qué platote, acompañado de su chilito y su cebollita… Ai le debemos los limones, porque al bruto de mi compadre Melquiades se le olvidó pedirlos ayer que fue por las cajas electorales. Si viera que bien se portan los del Partido, esos son cacha venado, nos compraron la panza pa’l menudo, los condimentos y las cervezas pa’ que festejemos cuando se acaben las elecciones… pero… no veo la razón por la que no podamos festejar usté y yo antes que los demás.
Como le iba diciendo don Cruz… ¡Ah, qué mi amigo! ya’stá me puso nervioso con eso que mira pa’ todos lados. Si busca la escuela está por allá, si no ve campesinos votando es porque no llegan en manada, ni hacen fila como en la suidá, pero ellos votan; no me lo va a creer, pero son los que más votan. Nunca falta uno que deje de cumplir con sus obligaciones ceviles. A veces pienso que lo hacen nomás pa’ acabarse la tinta, pa’ enseñar el dedo manchado. ¿Cómo me dijo que se llama el candidato a gobernador de Coahuila? Ah, sí, ya me acordé, Ulalio. ¿Y ese Ulalio, me dice usté que sí es hombre de campo? Pues con más razón le damos duro a las votaciones.
Usté sí que nos trai suerte, don Cruz. Mire, ya empezó a ventiar tantito. ¿A poco no ve como se mueven las ramas del pirul que está allá enfrente? Por lo menos el viento es el único abanico que tenemos y ese no nos cuesta nada. No estamos batallando como ustedes, que tienen sus climotas rete helados en las casas y luego no saben qué hacer con el recibo de la luz. Aquí nomás sentimos el airesito y abrimos puertas y ventanas pa’ que se meta pa’ dentro y saque el calorón que está encerrado en los cuartos. El único problema es que luego las mujeres se enojan porque se llenan de tierra hasta los jarros de frijoles, pero, ¿qué le vamos a hacer? Si queremos fresco, tenemos que aguantarnos. Luego, cuando mastica uno las tortillas saben como si las hubieran pisoteado. No me lo crea, pero una vez hasta le di sus golpes a la Macrina y ¿sabe por qué? Pues nomás porque cuando estaba comiendo mordí una piedra del tamaño de un garbanzo. Pensé que no había limpiado los frijoles antes de jervirlos pero no, lo que pasó es que el viento arrastró tantas piedras que las tortillas quedaron todas polveadas. Si viera cómo me he arrepentido de haberle dado sus buenas. Y es que ella es muy seria y trabajadora, la verdá sea dicha, pero ¿qué haría usté en esos momentos en que se le atora una piedra en el gaznate, empieza a toser hasta que se le saltan los ojos y se le quieren salir de la cara?
Ay, don Cruz, ándele, tómese otra cervecita, mire cómo ya’stá agarrando color, cuando llegó andaba más pálido que los cirios de la capilla, no’mbre si ya hasta quedó chapeado. Ora verá, ¿qué no se le antoja un juerte pa’l desempance? Espiridión es bueno pa’ curar el mezcal, va a ver que bueno está. Mire, huélale… ¿A poco no tiene todavía el olor de las pencas?
¿Y a qu’ioras dijo que tenía que estar de regreso en Monclova? No, pos si ya se nos acabó el tiempo de las votaciones. Mire, nomás tómese su traguito de mezcal… pero póngase una pizca de sal en la mano pa’que cuando se lo trague no le queme. ¿A poco no está re bueno?
En fin, don Cruz, qué lástima que tenga que regresarse… Ora, que si quiere, pos hay le hacemos un lugar en la casa, o se queda a dormir en su camionetota, pa’ que siga disfrutando de la fiesta… ¿Cómo que cuál fiesta?, no la amuele, don Cruz, la que va a empezar en un rato. No ve que ya se están juntando todos allá en la escuela. En el patio hicimos un pozo pa’la barbacoa. Qué lastima que se tenga qu’ir, que si no…
¡Ah, sí! Pos si ya se me estaba olvidando. Déjeme le doy su encargo pa’que no se vaya con las manos vacías. Mire venga pa’ca. A ver tú, Emilio, ayudanos a sacar las cajas que tenemos guardadas en el cuarto de atrás.
Pues, como le iba diciendo don Cruz ¿ya ve que no nos falta nada? Ahí dentro van todos los votos de los campesinos que viven por estos lados. No faltó ni uno, ni siquiera el voto de Juan Cerda, el que se murió ayer y no porque hubiéramos hecho trampa, es que le dimos permiso a la Petra pa’ que votara por su viejo, que era tan serio y responsable, nos dijo que era su voluntá y pos, cómo le íbamos a quitar ese deseo. ¿No cree usté?

Ora si muchachos, ya se fue el tal don Cruz. Háblenle a todos pa’que empiece el fandango.
Ojalá y hubiera elecciones por lo menos cada seis meses, desa manera tendríamos fiesta con buena comida y cerveza dos veces al año; pero no, esos del gobierno no quieren gastar mucho en nosotros, por eso hacen estas pachangas cada tres años y ahora, como todavía así les sale caro, ya hasta quieren hacerlas por sexenio.
Y nosotros que nos desvelamos tachando tantos papeles. Cómo le pagan mal a la gente. Deveras.

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