Frankie Frisch… la bujía

AQUELLOS TIEMPOS.-

Escribe: Miguel Angel Genis Guzmán.-

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Frankie Frisch llegó a las Ligas Mayores directamente del béisbol colegial y llegó para quedarse.
Fue un excelente segunda base que se movía con gran maestría en su posición, estudiaba a los bateadores oponentes y casi siempre estaba en el lugar preciso para robarles un posible imparable.
Poseía magnífico brazo y para complementar sus admirables cualidades, fue considerado como uno de los bateadores más consistentes y peligrosos de la década de los veinte y de los treinta.
Era auténtico líder de los equipos en los que militó y tenía su estilo de juego muy agresivo que contagiaba a sus compañeros.
Durante 19 años en la Gran Carpa, alcanzó ocho campeonatos con los equipos que jugó: cuatro con los Gigantes de Nueva York y cuatro con los Cardenales de San Louis, además seis veces el conjunto en el que jugaba fue subcampeón de su liga y en cuatro ocasiones ganó la serie mundial.
Frisch nació en la ciudad de Nueva York el 9 de septiembre de 1898 y al poco tiempo, los buscadores de talento de AQUELLOS TIEMPOS se enteraron de un jovenzuelo de la liga colegial de la gran metrópoli que “manejaba el guante como un mago y le pegaba a la bola con gran potencia”.
Lo observaron y de inmediato lo firmaron para que debutara con los Gigantes que buscaban desesperados la forma de conservar a sus seguidores que se estaban pasando a los Yankees de la Liga Americana con la llegada del súper astro Babe Ruth.
Fue un jugador clave para su equipo que alcanzó un porcentaje global de bateo de por vida de .318 puntos en casi dos décadas de una brillante carrera que culminó como piloto de los Pájaros Rojos a los que llevó al clásico de octubre en 1934 y a la conquista de la serie mundial ese año sobre los Tigres de Detroit por cuatro juegos a tres.
Frankie Frisch lanzaba con el brazo derecho, pero a la hora de batear, lo hacía de ambos lados, de acuerdo al lanzador contrario en turno.
Fue uno de los más peligrosos y efectivos bateadores ambidiestros de AQUELLOS TIEMPOS.
En 9 mil 112 veces al plato, conectó 2 mil 880 imparables, entre ellos, 466 dobletes, 138 triples y 105 cuadrangulares. Empujó al plato mil 242 carreras y por varios años fue considerado el mejor defensor de la segunda base.
Fue a la Serie Mundial con los Gigantes en cuatro ocasiones y en todas ellas bateó la cifra mágica de 300 o más de porcentaje para impulsar a los neoyorkinos hacia el triunfo.
En 1921 batieron a los Yankees por cinco juegos a tres; en 1922 repitieron contra los orgullosos Mulos y los humillaron en cuatro juegos seguidos con Frankie bateando el altísimo porcentaje de .471 puntos, el más alto de su carrera en series mundiales y en temporada regular.
En ambos años, los Yankees ya tenían al tremendo Babe Ruth que los volvió a llevar al clásico en 1923, para cobrar venganza contra los Gigantes por cuatroo juegos a dos. No obstante la derrota de su equipo, Frisch conectó para 400 de porcentaje en los seis juegos.
Un año más tarde, los Gigantes ganaron el campeonato de la Liga Nacional y se enfrentaron en la serie mundial a los Senadores de Washington, campeones de la Liga Americana equipo que los derrotó por cuatro juegos a tres.
En esa serie, Frankie bateó para 333 puntos. Ya jugando con los Cardenales de San Louis, Frisch volvió a la Serie Mundial en 1928 para enfrentar a los entonces casi invencibles Yankees que los derrotó en cuatro juegos seguidos para vengar viejas afrentas.
En 1930 volvieron a los Pájaros Rojos al clásico para caer ante los Atléticos de Philadelphia cuatro juegos a dos y al siguiente año fueron por el desquite y derrotaron a los mismos Atléticos en siete emocionantes partidos.
Como ya hemos dicho, en su última aparición en serie mundial, fue en 1934 como mánager jugador de los Cardenales a los que condujo a la victoria sobre los Tigres en serie de siete juegos.
Fue la despedida de los clásicos de otoño de un hombre clave que se entregaba totalmente en cada partido y era la bujía indiscutible de su equipo Frankie Frisch ingresó al Salón de la Fama del Béisbol de los Estados Unidos en 1947 y dejó de existir el 12 de marzo de 1973 en Wilmington Delaware.
Fue el orgulloso mánager de la Pandilla de los Gatos Salvajes de San Louis, cuando los Cardenales escribieron la insólita hazaña de que dos hermanos: Dissy y Paul Dean ganaran cada uno dos de la serie mundial de 1934 y que el tercera base Pepper Martin parara los roletazos con el pecho para sacar en primera base a los jugadores contrarios.

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