ESCLAVOS DEL DINERO…

Escribe: Héctor Barragán.-

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Ganar dinero se volvió necesidad fundamental para el ser humano, como que esa materia es indispensable para sobrevivir, lo mismo que para cubrir todo el inmenso número de requerimientos de los individuos.

En los viejos tiempos, el dinero o sus equivalentes para cambiar por elementos que faltaban a la persona, comprendían pocas cosas, porque la mayoría de ellas eran producidas por los mismos individuos que componían las pequeñas agrupaciones humanas.

Pero entonces comenzaron a desarrollarse actividades que no necesariamente se traducían en productos, cosa materiales, sino que procuraban diversión o satisfacción deportivas.

Las cuales actividades que fueron especializándose y resultar atractivas para mayor número de personas, de público, por lo que merecieron la retribución de tal público a los agentes prominentes de la diversión y el deporte.

Más las competencias deportivas, derivadas o no de la lucha contra la naturaleza o con los competidores y enemigos, produjeron infinidad de espectáculos, que fomentaron la afición por nuevos confrontaciones que ver.

De donde, la proliferación de aficionados ofreció un jugoso o prometedor mercado para los promotores es decir, una fuente de dinero gigantesca, con lo cual dispusieron de fondos para crear  los ídolos, los atletas elevados económicamente a la estratósfera de la popularidad y lujos. Atractivo que a su vez ocasionaba automáticamente una interminable corriente de aspirantes al tal deporte y a los observadores y seguidores del mismo.

Luego, los medios de comunicación tomaron por su cuenta el incremento del gusto deportivo, a cambio de clientes a quienes proporcionar interminable publicidad de productos de consumo que significan montañas de dinero.

Por descontado se tiene que solo unos cuantos de los héroes deportivos gozan de popularidad y riqueza, pero los seguidores encuentran gusto de ampliar su adoración a jugadores de otras ligas, en el país, en el extranjero, diversas temporadas y competencias, más. En otras especialidades deportivas igualmente abundantes en eventos, campeones.

En tanto los medios comunicadores engrandecen sus fortunas, otros pocos integrantes lo mismo, los promotores de competencias en corto número lo mismo, pero especialmente los patrocinadores de los medios de comunicación, promoviendo el consumo de productos que no se necesitan, que perjudican la salud de miles de personas, que sustituyen a otros bien podrían prestar servicio un tiempo razonable todavía; de manera semejante a como promueven las modas, los diseños de uniformes, la producción de artefactos para la adoración tales como banderines de equipos, uniformes con o sin anuncios, llaveros, medallas, en fin, una variedad inmensa de adminículos relativos.

En este proceso se han formado, a lo largo de cientos de años y de hecho en el mundo entero, miles der núcleos se negocios con multitud de personas que se enriquecen continuamente y sin límite, que no obstante se reducen a un insignificante porcentaje del género humano, como es el uno por ciento. Y su característica más notable es su inclinación al dispendio al consumo superfluo, mismo que promueven, como que es la fuente de nuevas actividades generadoras de dinero.

Al tiempo que acumulan ingresos, les sobran, porque supera considerablemente su patrón de consumo, no obstante el desarrollo de la producción de mercancías de lujo, destinadas a la gente con exceso de dinero, de medios de compra. Por cierto que inventaron el modo de incrementar el gasto de la sociedad, sin tener que esta haya incrementado sus ingresos, esto es el crédito. Que se compre ahora y se pague después, cubriendo por supuesto el costo de ese financiamiento, de las compras a crédito.

En cuanto a la diversión, se basa principalmente en la habilidad del fingimiento, de simular para producir alegría, risa, susto, salvajismo, en fin, cuanto pueda entretener a un público. El teatro, primero, luego el cine y luego cuanta diversión sea capaz de elaborar la técnica y ciencia.

Se vuelven populares los mejores actores, los que consiguen transmitir sentimientos a los clientes, espectadores, situaciones que les gustaría compartir, vivencias con que desahoguen sus emociones y sus instintos, sin límites en cuanto a moralidad, la que destruyen para aumentar simpatizantes.

Y los mejores artistas, los seleccionados por la fama y el lujo, el despilfarro tienen el mayor éxito para filmar lo que dicen que él público desea, el crimen, los asesinatos, los robos, las intrigas, las mejores diversiones, las proezas increíbles, el dominio de la naturaleza, de la técnica, el óptimo en la ciencia ficción.

Lamentablemente modifican las costumbres de los países hacia situaciones inconvenientes, en extremo alejadas de su capacidad económica, de sus aptitudes para control del pandillerismo y la criminalidad organizada.

Y proliferan los grupos de actividades antisociales, con capacidad superior a sus autoridades, como resultan ser quienes trafican con armamento ni por asomo disponible en los cuerpos policiales e inclusive en la mayor parte del ejército y la armada de marinos.

Y en todos lados surgen esas pequeñas células de personas que acumulan las riquezas, los negocios, que en conjunto significan la mínima porción social, pero que basta, justamente por su capacidad económica y sus organizaciones, para sojuzgar al resto, al 90 y más de los habitantes del planeta, privando a buena parte de ellos de los elementos necesarios para subsistir y mucho menos para vivir decorosamente.

El proceso de acumulación de la minoría es altamente adictivo, permanente, como vicio incontrolable, ajeno en lo fundamental a la capacidad de percibir y de sentir compasión por los daños causados al enorme contingente humano precarista.

El afán de enriquecerse, insaciable por naturaleza, hizo jugoso negocio de las bebidas embriagantes y muchas sustancias enervantes, empleadas al principio por motivos rituales, religiosos, objetos de consumo constante y con ello perjudicial a la salud, pero muy rentable.

Otra vez los pequeños grupos se hicieron de la industria fabricante de armas, transformando a los deportes en competencia mortífera y adquiriendo gran poderío político, para garantizar el consumo masivo de instrumentos mortíferos, tantas veces incontrolado y peligroso, aún en tiempos de paz y comunidades tranquilas.

Fabricantes de armas que resultan muy influyentes en los gobiernos, sus programas y su conducta con relación a los demás países del mundo. Obvio resulta deducir que son promotores de las guerras y de los movimientos políticos que se sustentan en las armas, cuyo resultado han determinado desde hace algunos siglos.

Al repasar esta colaboración se encuentra un trabajo deshilvanado en extremo, peor que se hubiera sido planeado así, por lo cual cabe considerar que es objetivo es encontrar la causa última del tema. La esclavitud producida por el dinero. Subordina al rico, quien no tiene actividad mejor que hacer dinero, aumentar su fortuna, desde el principio hasta morir; en tanto produce para el trabajador, el obrero y empleado, la esclavitud respecto de la fuente del empleo, el trabajo, debido a que jamás obtendrá lo preciso para subvenir a sus necesidades. Esto mientras sean tantos los necesitados de trabajo- ingreso y tan pocos los oferentes de tarea- empleo.

Puesto que son unos cuantos los jugadores de élite; los empresarios boyantes; los famosos burócratas afortunados; Quienes pueden enriquecerse en cargos públicos o con cargo a la deuda pública; promotores deportivos, de negocios fantasmas o reales; contratistas y empleados favorecidos por clientes agradecidos; promotores de empresas informales o actividades de ese carácter; dirigentes superiores de sindicatos, quienes hace años perdieron de vista la humanitaria labor de proteger a los trabajadores y cuidar las fuentes de trabajo y los torcedores de las leyes, entre muchos más, como serían los criminales exitosos.

De donde se desprende que el problema parece irresoluble, mientras los especialistas no ofrezcan soluciones que sin embargo no están ocultas. Hay muchos problemas graves que no se atienden, por supuesto la falta de empleos y aparentemente la carencia de fondos de inversión, de proyectos rentables.

Pero se puede tomar estos pocos elementos para proposiciones concretas y viables.

Los fondos se pueden conseguir de la misma manera que los recursos financieros que engrosan las bolsas de valores, las carteras de crédito, siempre que se apuntales en proyectos rentables, es decir que cuenten con mercado suficiente, posibilidades de compra.

Como serían los enfocados a combatir la contaminación atmosférica, filtros para combustibles de uso automotriz y en fábricas que es esencial definir para recuperar económicamente (de manera rentable) los residuos tóxicos.

Industrialización de la basura, con las fábricas necesarias y especialidades técnicas y científicas precisas, con las cuales se cuenta por supuesto.

Desde el nivel científico, investigar la tecnología agropecuaria, para reducir costos y aumentar producción a los niveles indicados por el mercado (precios, escalas de factoría, inversiones en equipamiento…

Investigación tecnológica para reducir niveles contaminantes de combustibles y aprovechamiento del potencial petroquímico de los demás hidrocarburos, para extender la oferta de esos derivados simples y los químicos.

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