“Me lo mataron…”, exclamó Humberto al conocer la muerte de su hijo

***vi a un hombre desencajado, lloroso y con un dolor que no podía ocultar, pero ya no era el mismo, en su rostro se notaba el coraje y la impotencia.-

Escribe: Juan Andrés Martínez Flores.-

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Saltillo, Coah., 03 de octubre.- El 3 de octubre de 2012… Eran casi las ocho de la noche, de un caluroso miércoles, junto a un amigo, me encontraba cenando unas ricas flautas, que vendían por la calle Abasolo a la altura del fraccionamiento Guanajuato.

Sonó mi celular, era un conocido, quien me informaba que habían matado al hijo del ex gobernador Humberto Moreira, yo incrédulo lo cuestionaba, no puede ser, aquí no se ha dicho nada y le repetía, ya se hubiera armado un gran lío, al otro lado de la línea, sólo me respondía, “mi jefe no me va a decir mentiras, el me dijo que lo habían ejecutado, en Acuña”.

Colgué; no daba crédito a lo escuchado, no era posible, que iba a pasar, me preguntaba.

Mi compañero de cena, me dijo, chécalo con la Procu ellos deben saber y así lo hice, marque al celular del Procurador Homero Ramos Gloria, sin éxito, no contestó.

Me comunique con el, en ese entonces amigo y vocero de seguridad, (ya no es vocero, ni amigo creo) Sergio Sisbeles, sorprendido me dijo que no lo creía, pero que lo iba a checar con su jefe y que me regresaba la llamada, lo que sucedió minutos después, la respuesta fue; no hay nada amigo, dice el Procu que no hay ningún reporte, le insistí y su respuesta fue la misma; “esto no puede ocultarse, de ser cierto, seríamos los primeros en tener un reporte y no es así”.

No quedé conforme, la duda estaba ya en mi cabeza, entonces me acorde de Toño Dávila, le marqué y le pregunte, mi Toño, ¿tienes posibilidad de comunicarte con el Profe? Que pasó? me respondió, le dije me avisaron que habían levantado y ejecutado en Acuña a su hijo, yo no sabía cuál era, el exclamó, !Lalo, no mames! no puede ser, por eso te hablo Toño, yo tampoco lo creo, pero nadie sabe nada.

Todo esto fue en un lapso de 15 minutos, hice algunas llamadas a Acuña y Piedras Negras, nadie sabía nada.

¡Me lo mataron, Toño!

Me regresa la llamada Toño y me dice, que más sabes tú? le reiteró que sólo lo que le dije, que me habían dicho que habían ejecutado a un hijo del ex gobernador, me confirmó que ya se había comunicado con el Profe, de pronto me dice, espérame me está llamando, ahorita te hablo.

Y así fue, en dos minutos más, me habla y me dice, si Juan Andrés, es cierto, Humberto me acaba de decir; “Me lo mataron, Toño”.

Fue así como confirmé y de inmediato, me comunique a Televisa, México para darles la noticia, habían matado al hijo del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira.

Las autoridades de Coahuila, ya lo confirmaron, me preguntaron y les contesté; no saben nada, pero Humberto Moreira, ya lo confirmó.

Después en una plática con Toño Dávila, me comentó que le había mandado un mensaje al Profe luego de mi llamada, donde le preguntaba si había hablado con Lalo, algo sorprendido por la pregunta, le contestó, si hable por teléfono con él hace unas horas.

-¿Por qué Toño, sabes algo?- Un poco incómodo, Toño le respondió, sabe que, Juan Andrés, me comentó que le había pasado algo…

-¡Dime que sabes Toño!

-Bueno, dicen que lo levantaron, que se lo llevaron…

Ya no hubo palabras, sólo un silencio de varios minutos, tras los cuales, una llamada con voz entrecortada, un Humberto triste, enojado y desesperado, que sólo alcanzo a decir, “me lo mataron”

Esa misma noche, me trasladé a Acuña, enviado por Televisa, México.

Al día siguiente, la ciudad se volcó en apoyo del Profe la capilla de velación, era insuficiente, más porque llegaban funcionarios estatales y federales, líderes de partido, diputados federales y senadores se daban cita para dar el pésame al ex gobernador y ex dirigente nacional del PRI.

De cerca, vi a un Humberto Moreira, desencajado, lloroso y con un dolor que no podía ocultar, pero ya no era el mismo, en su rostro se notaba el coraje y la impotencia y a cada rato repetía, “¿porque, si mi hijo no hacía daño, porque me lo mataron?”.

Durante el sepelio, varios funcionarios estatales fueron prácticamente corridos de la capilla, la Sra Vanesa, esposa de Humberto Moreira, con el dolor y un coraje que no podía dominar, le dijo a uno de ellos, ¡”usted no puede estar aquí, vayase”!

Mientras Humberto Moreira, hablaba por teléfono y repetía, ” no lo quiero aquí, que no se pare, porque no respondo”.

El sepelio, se convirtió en una ceremonia de dolor y solidaridad ciudadana.

Un ex gobernador, que, sin ocultarse de las cámaras, lloraba la pérdida de su hijo.

Un Humberto que aceptaba abrazos, apretones de mano, palabras de aliento del pueblo, de los ciudadanos, de los coahuilenses.

Así es, Humberto Moreira, ni en esos momentos más dolorosos, perdió su sencillez, su trato con la gente y más con quienes le refrendaban su respaldo, precisamente en ese momento, el más doloroso para un padre, la pérdida de un hijo, un asesinato que las autoridades no pudieron ¿o no quisieron? evitar.

Descansa en Paz, Lalo Moreira.

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