¿Quién está por encima de las corruptelas presidenciales?

EL SIGUIENTE NIVEL

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

duarte2

Ya ve usted como son esas cosas de la farándula, están los primeros actores o actrices, esos que quien sabe porque desviación mental se han dado en llamar estrellas, o en otros ámbitos dignos del más cuidadoso análisis siquiátrico, los que se denominan “famosos”. Visto así, es como si se tratara de una especie de estratificación, vaya usted a saber si del talento, de la experiencia, de la edad, del poder, o de quién sabe qué, porque eso de que alguien fuera del gobierno del Estado de Coahuila considere a Carmen Salinas, la célebremente repulsiva Corcholata como una “primera actriz” o una “estrella”, es motivo suficiente para ponerlo a uno bajo observación en el CESAME.

Lo malo de estas castas, de estos estratos, no es el hecho de que alguien se crea superior a los demás, sino que los demás lo acepten de buen grado. Eso de aceptar que haya gente famosa por comparación con los que no somos famosos, que haya gente que es estrella y gente que no lo es, gente que es de primera contra el resto que son de segunda, tercera o cuarta, va contra la mera dignidad de la persona humana, y como decíamos antes, eso es algo que debería resolverse a nivel de terapia sicológica, pero como vemos, a pocos parece que les importa la cuestión, al contrario parece que están de acuerdo o que lo disfrutan.

Muy en el fondo los que son segundones, esperan ser primerones, los que son meras piedras aspiran a ser luminarias, y así en todos los ámbitos sociales, donde los que están abajo secreta o no tan secretamente hacen todo por algún día ser ellos los que están arriba.

En todos los espectáculos, deportivos y populares, para llenar el tiempo que pagó el público por estar allí, hay varios eventos secundarios, teloneros les llaman tratándose de conciertos, y peleas preliminares, por ejemplo en el box o en la lucha. Lo hacen para “abrir boca”, para ir sensibilizando, para que la gente compare y aprecies las diferencias entre los segundones y los que ya están consagrados, así cuando estos aparecen en escena quedarán más que satisfechos. Al mismo tiempo, funcionan para que los segundones se vayan fogueando, adquiriendo experiencia suficiente para algún día tomar el sitio central del espectáculo.

Si pensamos que la política también es un espectáculo, no es de extrañar que los reflectores estén permanentemente centrados en los personajes que ocupan los primeros sitios. Del que se habla siempre es del presidente de la República, ¿por qué?, porque vivimos en un régimen que más que presidencialista es de corte imperial, por más que solo dure un sexenio.

En política como en todos los demás espectáculos, son los primeros actores, son los que propician eso, es tanto su ego que no soportan que se brinde atención a otros personajes que no sean ellos mismos, sienten que les están arrebatando algo, así que no es de extrañar que tradicionalmente los medios de comunicación se hayan prestado a ese juego.

Ahora que  la cosa también funciona al revés, ¿a quién criticar cuando llega la hora de hablar mal?, pues lo que más llama la atención del público es la crítica que va directo a la cabeza, esa es la que se considera valiente y temeraria, dirigir los cañones contra los subordinados se ve como algo pagado, como una jugada de distracción, como una medida desde el régimen.

En teoría cualquier ataque, contra la cabeza del poder o contra cualquiera de sus componentes, minaría al gobierno, pero son tan pocos los espacios que hay, que hay que aprovecharlos al máximo, de allí la perseverancia de, cuando se pueda golpear, golpear arriba. Pero esto no es suficiente justificación para que grandes espacios de crítica queden prácticamente intocados, por estar la atención de los medios y del público, centrada en lo más alto, sobre todo cuando esto no es necesariamente lo peor.

Durante los pasados dos años el personaje más criticado de todo el país ha sido el presidente de la República, Enrique Peña Nieto y su primer círculo a los que se ha identificado como los más identificablemente corruptos, y si además desde allá arriba mismo han propiciado la crítica con discursos como el de que la corrupción es un asunto cultural o haciendo cosas malas que tratan de disfrazar que no son malísimas, o lo que seguramente usted sabe mejor que un servidor, ¿para que buscar mejores blancos que Peña y su esposa a la que los medios nacionales y extranjeros han hecho ver no como una impoluta gaviota sino como una pájara de cuenta?

Pero en los últimos tiempos el espectáculo se hizo acompañar, que no necesariamente se desplazó, por los casos de los gobernadores de varias entidades federativas, a los que la prensa local, tirándole a su propio número uno, logró elevar a la palestra nacional, exhibiéndolos como dignos seguidores de los grandes corruptos federales.

Los casos de Quintana Roo, de Veracruz, de Chihuahua y hasta de Sonora, han hecho las delicias de muchos que lo que quieren es ver sangre… tomando el eufemismo del espectáculo por excelencia, la lucha libre. ¿Alguno de ellos estará por encima de las corruptelas presidenciales?, es difícil de decir y más difícil de comprobar, que de todos modos ese no es el punto, lo que sí lo es, sería el preguntarnos ¿y eso es todo, allí acaba la corrupción y las posibilidades de violar la ley?

Mucho nos tememos que no, y que por la distracción de los espectáculos principal y secundarios de los gobernadores, poquísima atención se ha puesto a la parte correspondiente a los ayuntamientos, donde gracias o por culpa de la Constitución, el concepto de “municipio libre” ofrece demasiadas posibilidades de corromperse, sin que haya la presión de estar en el foco de la atención. Que sí, un alcalde y su administración también son en toda regla, los número uno de su demarcación, pero para muchos efectos, el pueblo tiene poco clara la división política y geográfica de las culpas.

Tenemos la sospecha de que con tanta atención que se presta a la pista presidencial y las estatales, se ha dejado de lado el más amplio de todos los shows, el de la corrupción municipal. Ahora, en vez de que por sus implicaciones y poder relativo, fuera el más fácil de perseguir y procesar, en comparación con los gobiernos estatales o federal, se prefiere simplemente hacer como que no pasa nada, casi como establecieran una barrera de protección para la corrupción en la base de la pirámide, seguido de la segunda que son las entidades federativas, de aquí a que se llegara en la persecución hasta la cúspide, tendrían que pasar demasiadas cosas en demasiado tiempo, y eso en este país se lee como que nunca.

Así las cosas, nada debería sorprendernos, pero espere pronto espectáculos de primer escándalo.

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